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5 prejuicios a los que te enfrentarás como joven agricultor

Recopilamos y desmontamos los cinco tópicos más habituales

La agricultura es una profesión muy reconfortante, en la medida que se cuida el entorno natural y se preserva el estilo de vida del medio rural. No obstante, tiene sus partes complicadas, que van más allá del propio trabajo. Si eres joven y agricultor, tienes que estar preparado para escuchar frases con poca verosimilitud sobre tu actividad diaria, por lo general basadas en ideas erróneas y tópicos falsos que se han ido instaurando en la sociedad. Tras hablar con distintos compañeros, hemos recopilado los 5 prejuicios clásicos con los que te vas a encontrar. También los hemos desmontado, para que puedas responder adecuadamente cuando te digan aquello de… 

 

1) “Es una vida demasiado dura”

“Te esperan arduas jornadas bajo el sol, recolectando cosechas poco satisfactorias, por las que obtendrás bajos rendimientos” ¿Te suena el discurso? Los agricultores atraviesan días duros, y se involucran en proyectos exigentes, pero como sucede en el resto de los empleos. Para Ángeles Santos, ganadera de Fariza, es mucho más satisfactorio que una oficina. “Prefiero tener menos dinero y más calidad de vida, estar en contacto con la naturaleza y vivir feliz”, explicaba. Un planteamiento similar al de Francisco Elvira, productor de olivar en Jaén. “La vida del olivarero no es mala. Es un cultivo que te da meses de descanso y, encima, puedes ser tu propio jefe”, decía.

 

2) “Los agricultores no tienen estudios”

Falso. El problema es que tan solo el 3,7% de la población agraria tiene menos de 35 años en nuestro país, según datos del Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA). Dentro de este reducto, la mayor parte cuenta con formación universitaria, siendo habituales las titulaciones de Ingeniería Agrónoma y Administración de Empresas. Hablamos de jóvenes que, pese a poder desarrollar su carrera profesional en otra parte, eligen quedarse en el campo (esto es clave) porque les gusta. 

 

3) “No es una actividad profesionalizada y rentable”

Volviendo al punto anterior, que los agricultores estén mejor formados implica que los cultivos se hayan profesionalizado. Hay una evolución palmaria en los últimos años, y así lo cuenta también Marcós Garcés, agricultor en Bañón y con formación en Sociología. “Las nuevas generaciones conocemos otro punto de vista del mercado, hemos estado en contacto con el marketing y pensamos también en la comercialización del producto”, decía. Comparte su opinión Francisco Elvira, en este caso ingeniero agrónomo. “Las cosas han cambiado mucho. Ahora se tiende a la concentración de las explotaciones y hay mucha más conciencia ecológica”, detallaba.

 

 

4) “El triunfador se va a la ciudad”

¿Que es triunfar? Porque si se trata de trabajar en lo que te gusta, los jóvenes agricultores saben mucho del éxito. “Es la mentalidad que se ha tenido siempre, la de que el listo se iba a la ciudad y el que no valía se quedaba en el pueblo. Eso es despreciar los conocimientos campesinos y no poner en valor el trabajo del medio rural”, criticaba Ángeles Santos, para añadir: “Los jóvenes que estamos decidiendo apostar por el campo cada vez estamos más orgullosos”.

 

5) “No es un trabajo para mujeres”

La desigualdad de la mujer en la agricultura es equiparable a la de otros ámbitos. Siempre ha habido agricultoras y ganaderas, pero más invisibles que los hombres. Por suerte, la tendencia se está empezando a revertir. Atendiendo a la Encuesta de Población Activa del último trimestre de 2018, de los 768.400 agricultores españoles, cerca de 175.000 son mujeres. Cada vez existen más asociaciones y federaciones que dan voz a estas profesionales y luchan por sus derechos. 

 

Para lograr una mayor representación de los jóvenes en el campo hay que terminar con los tópicos manidos y falsos. También dirigir adecuadamente las ayudas económicas: únicamente el 0,55% de subvenciones de la Unión Europea van a menores de 25 años. Pese a todo, hay jóvenes sin miedo, que luchan por el futuro en el que creen. En palabras de Garcés: “Este oficio te tiene que gustar, pero si empiezas, te atrapa. No es un medio de vida, sino una forma”.   

 

   

El sazonador a las finas hierbas, infusiones de todo tipo, el licor de hierbas de la sobremesa, la macetita de yerbabuena, champús con apellidos del tipo "botanical" o incluso jarabes sin receta para molestias comunes de una conocida marca farmaceútica...todos tienen en común una cosa: en mayor o menor medida tienen plantas en su composición. Y alguien tendrá que recogen o cultivar, recolectar y procesar estas plantas .
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