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Ángeles Santos: “Prefiero tener menos dinero y más vida”

Mujer, 34 años, y ganadera; los estereotipos no están hechos para Ángeles. A todo ello se suma que estudió Administración y Dirección de Empresas. Así son los jóvenes que, tras pasar por la Universidad, eligen dedicarse al campo

Para Ángeles, que creció en el seno de una familia campesina, con agricultura y ovejas, la granja es un espacio mucho más amable que la oficina. Natural de Fariza (Zamora), se sorprende con el estilo de vida de algunos trabajadores de Madrid. “Me parece inhumano madrugar tanto para pasar 2 o 3 horas en un atasco y luego meterte entre cuatro paredes, donde solo te dedicas a mirar la pantalla del ordenador y ni siquiera conoces a los vecinos. No es sano, por mucho sueldo que cobres a final de mes”, reflexiona. Debido a ello, nunca se ha arrepentido de haber apostado por el campo: “Prefiero tener menos dinero y más vida, estar en contacto con la naturaleza y con el entorno, y ser feliz trabajando en algo que me gusta”. Y no le preocupan los horarios, “el tiempo no cuenta tanto cuando trabajas para ti”.

Desde pequeña ha colaborado, junto a sus hermanos, en las labores de la granja. Cuando terminó los estudios obligatorios, decidió que quería ir a la Universidad, pero sin desvincularse del pueblo en ningún momento. De hecho escogió la Universidad de Salamanca, a apenas 80 kilómetros, porque le permitía regresar todos los fines de semana a casa. “Pero esta pequeña distancia sí me dio perspectiva para decidir, para entender que lo que me hacía feliz de verdad era pasar tiempo en mi pueblo, cuidar a mis ovejas y elaborar queso”, confiesa. lidad.

Critica los prejuicios en torno al mundo rural donde ella ha decidido quedarse porque quiere, “no porque no tenga otra opción”. “Es la mentalidad que se ha tenido siempre, la de que el listo se iba a la ciudad y el que no valía se quedaba en el campo. Por suerte va cambiando forma de pensar, pero aún hoy quedan vestigios de ese sentimiento”, lamenta. La educación actual tampoco ayuda, tanto desde el medio rural, como el urbano. “Todo está enfocado a que vivas en una ciudad, despreciando los conocimientos campesinos y no poniendo en valor la labor que hacemos las personas en el medio rural. Pero los jóvenes que estamos decidiendo apostar por el campo cada vez estamos más preparados y orgullosos”. Otro escollo a superar es el hecho de ser mujer. “Vamos tendiendo a la igualdad, pero ha costado”, reconoce.

 

 

Santos es licenciada en Administración y Dirección de Empresas (ADE), “algo muy general, pero también muy útil”, según precisa en base a su experiencia. La granja no deja de ser una empresa –“más que una empresa”– donde hace falta gestionar la contabilidad, ajustar los gastos o garantizar la trazabilidad. Su familia además ha apostado por la producción ecológica, en armonía con la naturaleza, sembrando variedades locales y cuidando ovejas de raza churra. “Además, cerramos el ciclo transformando la leche que obtenemos en queso, un queso de calidad”, cuenta. Mucho trabajo, pero mayor rentabilidad, y todo un modo de vida.

¿Habrá relevo generacional en el campo? “Quiero ser positiva en este aspecto, pero las políticas que se han aplicado hasta ahora han sido devastadoras para el medio rural, empezando por la PAC y siguiendo por las políticas sociales”, responde con contundencia. Para fomentar el relevo generacional, habría que mantener servicios sociales como la sanidad, la educación, el transporte o el acceso a las nuevas tecnologías. “También dar valor al medio rural, a la labor de las personas que trabajamos aquí, porque parece que siempre se piensa en lo urbano. Necesitamos precios justos para nuestros productos, con fiscalidades favorecedoras que premien nuestra labor medioambiental, patrimonial y cultural”, reivindica. Aún hay mucho por lo que luchar y un gran número de mentalidades que cambiar.



DATO: Tan solo el 3,7% de la población agraria española tiene menos de 35 años, según datos del Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA), dependiente del Ministerio. Además, únicamente el 0,55% de los receptores de ayudas de la Unión Europea son menores de 25 años. El relevo generacional es una necesidad que cabe atender, no solo para rejuvenecer un sector primario esencial en el país, sino para cambiar el enfoque sobre la manera de trabajar, que de cara al futuro deberá ser más eficiente y más sostenible. Atraer a los jóvenes, mejor formados, en ocasiones con familia, tiene a la postre otro efecto beneficioso: la reactivación del medio rural.

 

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