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El cáñamo industrial como cultivo alternativo. Claves para evaluar su gran mercado potencial

¿Te has planteado alguna vez cultivar cáñamo industrial? Dentro de los cultivos alternativos (quinoa, trigo sarraceno, camelina...) tiene ciertas peculiaridades, a pesar de que hace ya mucho tiempo fuera un cultivo de lo más humilde y normal.

Dado el contexto actual y la reciente regulación del cannabis en varios países, no resulta raro sospechar que el interés por cultivarlo se deba a su gran demanda para uso lúdico y medicinal. De hecho no hay más que comprobar la cantidad de portales de abogados que han escrito sobre el tema en Internet.

Pero no nos dejemos llevar por el estigma de su hermano psicotrópico y démosle una oportunidad al cáñamo industrial, un cultivo más que interesante.

Antes que nada conviene aclarar que cáñamo industrial y la marihuana son la misma especie vegetal: Cannabis sativa L. Que reciba uno u otro nombre dependerá del tipo de sustancias psicoactivas que posea y su cantidad. Las dos sustancias cannabinoides que marcan la diferencia son el THC ( tetrahidrocannabinol), muy abundante en determinadas variedades de Cannabis y que produce el clásico efecto de sentirse drogado, y el CBD (cannabidiol) que tiene muchas aplicaciones terapéuticas.

A los agricultores que nos leéis, lo que tiene que quedar claro es que es perfectamente posible cultivar cáñamo en toda la Unión Europea, siempre y cuando se siembren variedades cuyo contenido en THC esté por debajo del 0,2%. De hecho, no solo es posible, sino que el cáñamo industrial se contempla dentro de las ayuda del régimen de pago básico (RPB) de la PAC.

Los posibles inconvenientes que puede tener este cultivo vienen derivadas inevitablemente de la existencia de variedades con efectos psicotrópicos y básicamente se resumen en un mayor control y burocracia (si cabe) del cultivo.

El Real Decreto 1729/1999 autoriza 25 variedades de cáñamo industrial para el cultivo en España. Así, para que el cultivo sea legal, las semillas que se usen han de estar certificadas. Por tanto en este caso no será buena idea almacenar semilla para resembrar, ya que es necesario conservar todas las facturas y análisis para demostrar que se está utilizando una semilla legal. Esto significa un gasto fijo constante y, de momento, sujeto a poca capacidad de elección.

Pero antes siquiera de ponerse a cultivar es necesario solicitar la autorización ante la oficina comarcal agraria del municipio. También debe darse de alta la plantación en el Registro General de la Producción Agrícola, lo cual implica la realización de análisis periódicos del cultivo para vigilar la cantidad de THC. Aunque no es obligatorio, dado que visualmente el cáñamo industrial y la marihuana son prácticamente idénticos es muy recomendable informar previamente a la Guardia Civil de la existencia de la plantación para evitar sustos y problemas futuros, además de asumir que se trata de un cultivo más expuesto al vandalismo que uno de lentejas.

Con el cultivo de cannabis destinado a la producción de CBD se obtienen mejores precios, pero su autorización requiere más tiempo y burocracia, ya que al ser un medicamento es también necesaria una licencia previa otorgada por la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS).

Pasada la fase burocrática toca hablar de las ventajas. En primer lugar, que en nuestro país tenemos el clima idóneo para el cultivo de cáñamo industrial. A grandes rasgos en el norte, más húmedo, se destina a fines alimenticios mientras que en el sur se dirige al aprovechamiento de la fibra. Por otra parte, además de los usos medicinales, diversos sectores industriales han descubierto la infinidad de aplicaciones que tiene este cultivo: como alimento, en cosmética, en papelería, bioconstrucción, bioplásticos, lubricantes, combustible biodiésel, etc. Su carácter de materia prima biodegradable y reciclable supone un aliciente más hoy en día.

Tal variedad de usos potenciales, ha abierto la esperanza de que la reactivación del cultivo del cáñamo industrial pueda traer consigo múltiples beneficios, tanto económicos como de creación de empleo, lo cual supone una ayuda en la lucha contra la despoblación rural. Por si fuera poco, estamos hablando además de un cultivo resistente, que mejora la estructura del suelo, idóneo para prevenir la erosión de la tierra y frenar la aparición de malas hierbas.

Esperamos haber disipado dudas sobre un cultivo que arrastra una fama inmerecida. Como en otros casos, cuanto más interés suscite, más gente se interese en su cultivo y en su posterior procesado más incentivos habrá para que en nuestro país se consiga una regulación actualizada y clara que contemple y amplíe los usos posibles del cáñamo. Solo así evitaremos perder el tren de esta industria ecológica con un enorme potencial de desarrollo.

Salvo que accedan a tierras en propiedad (el 60%) por vía familiar, a muchos jóvenes no les quedará otra que conformarse con el 30% de la superficie agraria útil en régimen de arrendamiento disponible.
Hoy en día, lograr la eficiencia en el uso de productos fitosanitarios es una exigencia legal, a menudo asumida y amplificada por el resto de eslabones de una cadena alimentaria que busca satisfacer a una sociedad cada vez más exigente. Por otra parte, visto desde el lado del agricultor, los fitosanitarios no dejan de ser un insumo que supone unos costes que habrá que ajustar al máximo para lograr la rentabilidad de la explotación, ahorrar producto y agua así como una mayor concienciación del cuidado medioambiental.
Lo habréis oído en la radio o en la televisión: después de 42 horas reunidos debatiendo, los ministros de Agricultura junto con sus equipos han llegado a un acuerdo sobre la Política Agraria Común que se aplicará en los campos de toda Europa desde 2023 a 2027.