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¿Cómo se aprende a ser agricultor en el siglo XXI?

Lejos quedó la visión de las tareas del campo como último destino para los que no querían estudiar. La agricultura y la ganadería de hoy en día poco tienen que ver con las que dieron de comer a nuestros bisabuelos, abuelos y e incluso padres. Para poder ganarte la vida y tener cierto éxito profesional en el mundo agrario actual conviene desterrar la mentalidad que subyace bajo el refrán "cava hondo, echa basura y ríete (o cágate) de los libros de agricultura".

En primer lugar, hoy en día aquellos que quieran dedicarse profesionalmente al campo tienen que acreditar una formación determinada para ser contratados, o recibir ayudas si son los titulares de la explotación. Una formación que garantice en la medida de lo posible que esa persona es capaz de sacar adelante una empresa agraria, lo cual no es poca cosa. Esto explica la abrumadora mayoría de alumnos en centros de formación profesional agraria que son hijos (y poco a poco también hijas) de propietarios de explotaciones agrícolas. Estos jóvenes son conscientes de que, aunque vayan con parte de los deberes hechos, no les queda otra que estudiar y prepararse si quieren que el negocio familiar tenga futuro. Para los valientes que carecen de vínculos familiares con este sector la formación profesional es un paso previo e imprescindible que les permitirá descubrir "de qué va esto de la agricultura".

Un agricultor hoy en día no puede limitarse a saber cómo, cuándo y qué cultivar. Su actividad está sujeta a cada vez más normas que tiene que conocer, a una burocracia en la que tiene que manejarse (si es que es eso posible), a una tecnología que lo invade todo y a ser capaz de ahorrar hasta el último céntimo en insumos. El problema es que los días tienen 24 horas y los agricultores son personas humanas que llegan hasta donde llegan. A poco que la explotación va ganando tamaño comienza a ser necesario gente que ayude, sin meter la gamba a ser posible. Lo que viene denominándose "mano de obra especializada" que en el campo se traduce en tractoristas, maquinistas, mecánicos especializados en maquinaria agrícola, camioneros, especialistas en riegos, podadores, etc. y que actualmente está siendo muy difícil de encontrar. Estamos hablando de personas bien formadas, no en un curso de 200 horas precisamente, y con disponibilidad horaria, capaces de afrontar una campaña agrícola típica. Personas a las que poder confiar por ejemplo el manejo de maquinaria que cuesta un dineral, al igual que su mantenimiento o reparación, o la entrada de datos de las parcelas en el SIGPAC. En la agricultura de hoy en día el margen de error es mínimo y disponer de profesionales a los que poder confiar determinadas tareas es tener mucha suerte. Por esta razón, los buenos profesionales están muy cotizados. Pueden tener trabajo durante todo el año, con contratos fijos y salarios que harían palidecer a más de un profesional liberal urbano.

A pesar de la titulitis que todavía padecemos, la Formación Profesional (FP) está dejando de ser poco a poco la hermana pobre del sistema educativo; de hecho hace poco eran noticia los estudiantes sin plaza pública para estudiar los grados que deseaban. En este punto cabe preguntarse, ¿donde están los jóvenes deseosos de formarse en el medio agrario? La respuesta es bien sencilla y compartida por varios expertos a pie de campo a los que hemos preguntado: en ningún lado. Hay muy pocos jóvenes interesados en cursar Formación Profesional agraria y tampoco abundan los interesados en ramas como Transporte y Mantenimiento de Vehículos o Electricidad y Electrónica (7,4%) que tengan intención de orientar su carrera laboral hacia una agricultura cada vez más tecnificada.

En un ejercicio de optimismo podríamos reformular la respuesta. Los jóvenes están, la mayoría quiere trabajar pero desconocen por completo la gran variedad de posibilidades laborales que ofrecen la agricultura y la ganadería.

Y es que las profesiones ligadas al campo apenas tienen reconocimiento social o siquiera una pizca de glamour. Curiosamente la rama sanitaria sigue siendo una de las más demandadas, a pesar de todo lo que han pasado estos profesionales durante la pandemia y de que, tiempo antes, muchos tuvieron que emigrar a otros países europeos en busca de mejores condiciones laborales, donde por cierto se los rifaban. Mientras, muchos empresarios agrarios españoles están buscando desesperadamente esa mano de obra especializada que, cosas de la vida, tienen que ir a buscarla en otros países. Si somos capaces como país de formar profesionales muy valorados en muchos ámbitos, la agricultura y la ganadería no deberían ser una excepción, sobre todo considerando nuestra importancia a nivel internacional en estos sectores. Pero de nuevo, nuestros expertos consultados echan de menos una labor para hacer estas opciones más cercanas e interesantes; estaría por ver quién o quienes deberían tomar ese testigo.

La agricultura ha cambiado mucho. Es exigente y necesita de buenos profesionales que aporten su conocimiento y experiencia desde distintas ramas del saber. Aunque también hay cosas que no cambian; ya decía Cicerón que “La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre”. Y aunque muchos no lo crean, hoy en día también ofrece interesantes opciones de futuro profesional, a las que dedicaremos la próxima entrada.

Isabel Vidal no se imaginaba que acabaría siendo viticultora biodinámica. Su madre tenía seis hijos, 25 ha de terreno, la mayoría plantados de vid con algunos frutales y mucho amor por esa tierra. Cuando comprobó que, a pesar de sus intentos, a ninguno de sus hijos le había picado lo suficiente el gusanillo de la agricultura decidió que dedicarse a lo que le apasionaba: con la ayuda del "masover" de la finca dedicaría a sus vides todo el tiempo y los mimos que necesitaran.
Con el buen tiempo vuelve la fruta de verano. Aumenta el color en los puestos del mercado y en el lineal del súper: nísperos, nectarinas, melones, sandías, paraguayas o chatos, cerezas, melocotones, ciruelas... irán sucediéndose unos a otros hasta que vuelva el otoño.
El proceso de transformación digital es imparable, también en el mundo agrícola. Podría verse como un tren que está comenzando a arrancar, quien tarde mucho en decidir si sube, posiblemente se quede en tierra.