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La Transformación Digital en el campo: mucho más que esos 'aparatitos' modernos

Hace no demasiado tiempo, los más mayores se reían de la gente que hablaba por el móvil por la calle. Hoy esas mismas personas lo utilizan casi a diario; los hay que disfrutan viendo y compartiendo fotos y vídeos con familiares y amigos, mientras que otros se sienten completamente incapaces de entender estos 'aparatitos' modernos

Las nuevas herramientas tecnológicas, de las que los móviles representan la punta del iceberg, van incorporándose cada vez más rápido en la vida cotidiana y en prácticamente todos los sectores económicos. Tecnologías como el blockchainel "big data", la inteligencia artificial, la sensorización, la robótica, la teledetección o el “Internet de las cosas” tienen un tremendo potencial en el sector agropecuario y van a suponer un cambio radical en la manera de trabajar de agricultores y ganaderos. Este cambio en la manera de producir alimentos se trasladará al funcionamiento de la cadena de valor y acabará transformando el negocio agroalimentario.

A grandes rasgos, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) permiten la recolección y manejo de ingentes volúmenes de datos. La nueva imagen de los agricultores y ganaderos como cosechadores o recolectores de datos es un lugar común, pero supone un "cambio de chip" muy necesario para adaptarse a los tiempos que corren. 

En un futuro cercano, el agricultor y el ganadero con su trabajo estarán continuamente generando y consumiendo datos. Estos datos constituyen la materia prima que toman diversas aplicaciones para convertirlos en un conocimiento continuo acerca de todo lo que ocurre dentro y fuera del campo de cultivo o de la explotación ganadera. Las aplicaciones procesan y representan gráficamente estos datos, poniendo en evidencia procesos que no siempre son visibles a primera vista (el grado exacto de humedad del suelo o incidencia de mamitis subclínica en un rebaño, por poner dos ejemplos) o informando sobre factores externos que inciden en el funcionamiento de las explotaciones (como las previsiones del clima o las últimas cotizaciones en Lonja, que también sirven para entender el fenómeno).

De esta manera los profesionales del campo pueden tomar decisiones con mayor agilidad y precisión.  

La transformación digital supone avances en muchos sentidos para el agricultor y para la sociedad a la que pertenece. En primer lugar, mejora la rentabilidad: el ser capaz de ajustarse a las necesidades y posibilidades de casi cada palmo de tierra permite ahorrar costes en insumos, a la vez que se obtienen cosechas de mejor calidad y más abundantes. En segundo lugar, contribuye a aumentar la calidad de vida de los profesionales del campo al optimizar las labores (el robot de ordeño es un ejemplo clásico) y simplificar las tareas administrativas, particularmente las relacionadas con los trámites y exigencias de la PAC. Avances clave para la incorporación de jóvenes al sector agrario.

Favoreciendo la llegada de jóvenes profesionales al campo se contribuye a asegurar el relevo generacional en el medio rural, con todo lo que ello supone de cara a luchar contra el despoblamiento, un tremendo problema que afecta a la sociedad en general. En este sentido, las nuevas tecnologías suponen también un avance en sostenibilidad ambiental, ya que permite reducir el uso de recursos naturales y de insumos como productos fitosanitarios y fertilizantes, en algunos casos hasta en un 50%. Por no hablar de la aplicación de las soluciones basadas en IoT (el "Internet de las cosas") y etiquetas inteligentes que permitirán reducir el desperdicio alimentario.

En definitiva, estas nuevas tecnologías constituyen un gran aliado para que agricultores y ganaderos puedan producir más con menos, pasando de una agricultura intuitiva a otra basada en la ciencia. Quizás a alguno le sonará poco bucólico, pero bienvenidas sean estas TIC si ayudan a reducir la incertidumbre constante a la que tradicionalmente se ha enfrentado la gente del campo, y que muchos no han querido para sí mismos ni para su descendencia.

Sin embargo, no todo es de color de rosa. Las nuevas tecnologías apenas están implantadas y aún deben afrontar numerosos retos: una cobertura telefónica y banda ancha que llegue a todos los núcleos rurales para que los datos puedan compartirse con la agilidad necesaria, el acceso a los medios económicos para adaptar el funcionamiento de las explotaciones a estas nuevas tecnologías, desarrollar una formación de calidad que capacite a los nuevos usuarios para sacar el máximo provecho a las TIC y mejorar la interoperabilidad de los datos generados, de manera que cualquier máquina, dispositivo o sensor pueda conectarse sin problema con el resto.

Por otra parte, y dado que a partir de ahora el agricultor y el ganadero serán también generadores de datos, conviene ser muy consciente de su valor y del uso que se haga de ellos. Por esta razón la UE lanzó en abril de 2018 un Código de Conducta que establece una serie de buenas prácticas entre los diferentes eslabones de la cadena y aconseja crear acuerdos contractuales que fijen aspectos como la propiedad, el acceso, protección, uso etc. de esa ingente, -y valiosa-, cantidad de datos que viajan desde el campo hasta vaya usted a saber dónde.

En definitiva, el objetivo final es conseguir llegar a la gran mayoría de agricultores y ganaderos profesionales - independientemente del tamaño de su explotación - para que estén preparados y adaptados para afrontar este inmenso cambio. En otras palabras, que los "abuelos" de dentro de unos pocos años, miren con admiración y una pizca de envidia como "estos aparatitos modernos" permiten a las nuevas generaciones vivir - y vivir bien - de su trabajo en el campo. 

Si quieres conocer en profundidad la magnitud de todo lo que se avecina, descarga gratis la primera “Guía sobre la transformación digital del sector agrario español” elaborada por COAG.

  

 

 

 

En una entrada anterior hablamos del olivar como opción de futuro para los nuevos agricultores. Esta vez toca investigar sobre otros dos cultivos leñosos que actualmente ofrecen interesantes perspectivas, típicamente mediterráneos con cierta capacidad para sobrellevar los efectos del cambio climático y para aprovechar al máximo cada gota de agua. Estamos hablando del almendro y el pistachero.
La lucha contra las heladas supone un importante coste adicional a la larga lista de gastos fijos que afronta cualquier agricultor por lo que es importante tener claro qué sistemas son los más adecuados y cuándo merece la pena recurrir a cada uno de ellos.
Lo primero que hay que comprobar es el contrato de arrendamiento rústico que hayamos firmado, y si en el mismo se incluyeron o no los derechos; y es que estos no van con la tierra, sino que están a nombre del agricultor que los haya generado,por trabajar las fincas, en la última reforma de la PAC en 2015.