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Productos fitosanitarios: calibrar equipo antes de aplicar.

Las plagas de insectos y hongos no pueden tomarse a la ligera, si la incidencia es demasiado alta toca aplicar un tratamiento fitosanitario a tu cultivo. Lo tienes todo preparado: el producto adecuado, los EPIs, el pulverizador...pero hay un paso que no debe faltar antes de ponerse en marcha: calibrar el equipo.

Calibrar consiste simplemente en determinar qué volumen de líquido aplica tu equipo en un área determinada. Este valor habitualmente se expresa en litros por hectárea, y junto con las instrucciones del producto fitosanitario nos ayudará a calcular cuánto producto añadir al depósito del equipo.

En esta entrada nos vamos a centrar en los pulverizadores de mochila, más sencillos y baratos y versátiles. Aunque estos no tienen que pasar por una ITEAF (la "ITV" de los equipos de aplicación de productos fitosanitarios) también requieren de un correcto mantenimiento y calibrado para que la aplicación de productos fitosanitarios se haga de una manera eficiente y segura. En otras palabras, que es muy recomendable dedicar un rato a revisar el equipo (las juntas, los filtros, etc.) y calibrarlo para asegurarse que funciona adecuadamente.

Y ¿cómo se calibra un equipo pulverizador de mochila? Realmente hay diversos métodos, yo propongo éste que evita hacer muchas cuentas.

En primer lugar tienes que llenar de agua el depósito del equipo y hacerte con cinta métrica, un cilindro medidor, un cronómetro y piquetas o cualquier elemento que te permita delimitar o marcar un espacio. Con la ayuda de la cinta métrica se delimita en el suelo una superficie de 10 metros cuadrados (por ejemplo 4m x 2,5m). Una vez marcada la superficie de prueba, comienza a pulverizar la zona marcada a un ritmo que te resulte cómodo, midiendo el tiempo que empleas en hacerlo.El siguiente paso es pulverizar en el interior del cilindro medidor durante el tiempo obtenido en el paso anterior. De esta manera sabrás el volumen de agua en mililitros que has necesitado para pulverizar 10 metros cuadrados. Dado que 1 ml es una milésima parte de un litro y 10 m2 es una milésima parte de una hectárea, este valor equivale a los L/Ha que comúnmente se utilizan para calcular tratamientos.

Así, antes de ponerse el mono y los guantes habrá que armarse de papel, lápiz y calculadora. Con el valor obtenido durante la calibración y considerando la dosis de utilización que marca el fabricante y la superficie a tratar podrás calcular con exactitud qué cantidad de producto fitosanitario y de agua van a ser necesarios.De esta manera aplicarás la cantidad exacta de producto para que el tratamiento sea eficiente y seguro y no te sobre nada (recuerda que no conviene guardar para otra ocasión).

Ojo, aquí va un consejo importante a tener en cuenta antes de realizar la calibración: utiliza la boquilla con la que vayas a realizar el tratamiento posterior. De esta manera se evita realizar una aplicación ineficiente al tener colocada una boquilla inadecuada durante el calibrado. Y es que no es lo mismo aplicar herbicidas que insecticidas, una extensión pequeña o una grande, llena de plantas muy frondosas o poco desarrolladas. Los distintos tratamientos requieren un tamaño de gota y formas de aplicarlos (en cono, en abanico, etc.) específicos. En este vídeo se explica muy bien:

 

 

Y es que, a pesar de su pequeño tamaño, las boquillas son muy importantes: bien conservadas, seleccionadas y utilizadas permitirán ajustar al máximo el gasto en producto y la calidad de la pulverización.

Y un último consejo, no olvides utilizar el regulador de presión (si tu mochila dispone de él) tanto durante la calibración como en la aplicación posterior. Este sistema tiene la ventaja de que permite mantener constante la presión de trabajo, de esta manera se garantiza la homogeneidad en los tratamientos, se reduce considerablemente el consumo de agua y producto fitosanitario, la frecuencia de bombeo y el riesgo de deriva, sobre todo en las aplicaciones de herbicida.

Una vez el equipo para la aplicación está revisado y calibrado, solo queda comprobar algo que no depende de ti, la climatología. Evita aplicar productos fitosanitarios en condiciones de viento o altas temperaturas, ya que las gotas no alcanzan su objetivo al ser arrastradas por el aire o evaporadas por el calor.

Y ya estaría todo listo para controlar esa plaga antes de que sea demasiado tarde y hacerlo de la mejor manera posible para el bolsillo, la salud y el medio ambiente.

 

 

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