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Plantas medicinales y aromáticas como opción de futuro

El sazonador a las finas hierbas, infusiones de todo tipo, el licor de hierbas de la sobremesa, la macetita de yerbabuena, champús con apellidos del tipo "botanical" o incluso jarabes sin receta para molestias comunes de una conocida marca farmaceútica...todos tienen en común una cosa: en mayor o menor medida tienen plantas en su composición. Y alguien tendrá que recogen o cultivar, recolectar y procesar estas plantas .

Las PAM - que es como se denominan genéricamente las plantas aromáticas y medicinales - comprenden especies vegetales de distintas familias botánicas, con hábitats y características propias, pero que tienen algo importante en común: producen uno o varios principios activos con propiedades terapéuticas y/o aromáticas valorados en el mercado. Estamos hablando por tanto de una opción de cultivo que puede resultar interesante para agricultores en busca de cultivos alternativos.

¿Qué plantas aromáticas se cultivan en España?

Resulta difícil saber con precisión cuanta extensión de PAM y que producciones se están obteniendo en nuestro país. Según la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos Cultivos (ESYRCE) correspondiente a 2018, estaban dedicadas al cultivo de especies aromáticas 11.703 hectáreas, la gran mayoría en Cuenca, Guadalajara, Murcia y Córdoba. El Anuario de Estadística Agraria (2018) por su parte entra más en detalle y en sus tablas podemos ver que en 2017 había unas 19.773 ha dedicadas a PAM (4.496 ha de lavanda y lavandín; 9.591 ha de anís; 97 ha de regaliz; 34 ha de menta; 7 ha de comino y 11.037 de otras especies con usos industriales como puede ser la adormidera destinada a medicamentos).

Los distintos destinos de las plantas aromáticas 

A nivel mundial los productos de origen natural son cada vez más demandados, y las plantas que nos ocupan no iban a ser una excepción. Al llegar al consumidor de múltiples formas (planta viva, hierba seca, hierba fresca, aceite esencial, extracto, etc.) es necesaria la existencia de industrias que operan a distintos niveles para aprovechar y transformar estos cultivos.

La presentación más sencilla es la planta viva producida en viveros. Puede ir destinada a otros agricultores que las utilizan como plantones, o en macetas para el consumidor general que las adquiere en centros de jardinería y, cada vez más a menudo, en supermercados. En estos lugares también se está generalizando la presentación de planta cortada, refrigerada o incluso congelada, para su uso directo en la cocina.

Las plantas secas por su parte se utilizan de manera directa en infusiones condimentos y complementos alimenticios. De ellas también se obtienen, en un proceso complejo los aceites esenciales y extractos, de los que se obtiene un mayor valor añadido y que están presentes en medicamentos, aditivos alimentarios, alimentos funcionales, perfumes, cosméticos, ambientadores, detergentes, entre otros muchos productos.

 

 

Situación del sector en España

En nuestro país disponemos de muchas tierras improductivas, apenas rentables para cultivos convencionales pero idóneos para el desarrollo de plantas medicinales, el clima es también adecuado y contamos con una gran biodiversidad de flora autóctona, con especies apreciadas en los mercados. En general, el manejo agrícola de las PAM es relativamente sencillo, dan una mayor rentabilidad que sus alternativas productivas en secano, su producción goza de una calidad reconocida y apenas tienen un periodo improductivo. Visto desde el punto de vista agrícola no hay duda que se trata de un sector bastante atractivo.

Pero no conviene olvidar que se trata de un sector atomizado, formado por pocos agricultores dispersos en el territorio, con los inconvenientes que eso supone. Es difícil encontrar insumos y servicios específicos (maquinaria, fitosanitarios, seguros, etc.) y apenas existen políticas de desarrollo específicas, particularmente las de I+D+i. 

Una mayor unión entre productores permitiría mejorar la comunicación con la industria y con el sector a nivel internacional de manera que los productores puedan acceder a una mejor información sobre la demanda y los precios de sus cultivos. La acción conjunta permite además apoyar la investigación y experimentación sobre el material vegetal (aclimatación y cultivo de especies silvestres, estudio del perfil químico de las especies autóctonas y de cómo los factores ambientales y el manejo agronómico influyen dicho perfil). Y es que la capacidad de adaptarse a las demandas de la industria de primera transformación, que suele situarse cerca de las zonas de cultivo, es otro factor muy importante para lograr el éxito en este sector.

Valor añadido como destino turístico

La producción a gran escala de algunas plantas aromáticas ha traído un beneficio inesperado; la espectacularidad de los extensos campos en flor de especies aromáticas atrae cada vez a más turistas deseosos de vivir una nueva experiencia rural.

Es conocido el ejemplo de la región de la Alcarria, en la provincia de Guadalajara, donde se cultivan alrededor de 2.000 hectáreas de lavanda y lavandín, - nada menos que el 80 % del total cultivado de España. Año tras año han ido aprovechando y desarrollando una oferta turística cada vez más completa (conciertos, gastronomía, visitas guiadas, venta de productos derivados, etc) que aparte de generar ingresos adicionales para los municipios de la región, permiten canalizar la invasión de turistas que se da en un espacio de tiempo muy corto.

En definitiva, estamos hablando de un sector algo atípico dentro del mundo agrícola convencional de los fertilizantes, hierros y fitosanitarios. Un mundo en el que importa y mucho la calidad del producto obtenido, en el que resulta imprescindible trabajar codo a codo con la industria transformadora pero que a la vez es bien visto por un consumidor que demanda productos, e incluso vivencias, más ligadas a la naturaleza.

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