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Melones y sandías, ¡será por variedad!

No sabemos exactamente qué marca la llegada del verano; el fin de curso escolar, la apertura de las piscinas... ¿o quizás que los melones y las sandías sean las protagonistas de la frutería?. Dos frutas, grandes y sencillas a la vez, protagonistas de almuerzos, postres y meriendas veraniegos que merecen una entrada por todo lo que aportan tanto al consumidor como a muchos agricultores de este país.

Comencemos por el melón, que según la Rae es el nombre tanto de la planta (Cucumis melo) como del fruto, por cierto pariente cercano del pepino (Cucumis sativus). Aunque no se conoce con exactitud, se considera que el melón surgió y comenzó a diversificarse y domesticarse en algún punto, o varios, entre el este de África y el sur de Asia. Los ancestros de las variedades que consumimos en occidente fueron domesticados en Oriente Medio. Por su parte, el ancestro de la sandía (Citrullus lanatus), era una planta rastrera africana de frutos muy amargos. Actualmente, existe un pariente cercanos, la sandía tsamma, cuyo fruto algo más pequeño suministra agua a muchos animales habitantes de los desiertos africanos (puedes ver su aspecto aquí).

Ambos frutos debieron coexistir en Oriente próximo y viajar hasta el Mediterráneo, posiblemente con un aspecto y sabor muy distinto al que conocemos hoy en día. Se sabe que el hombre lleva comiendo sandía (o sus ancestros) desde hace 5.000 años. Se han encontrado representaciones de estos frutos en tumbas egipcias y también aparecen tanto en mosaicos como en textos romanos y hebreos. Se cree que fueron los árabes quienes introdujeron el melón en nuestra región.

Visto el origen de estas dos frutas, es fácil comprender que prefieran un clima templado tirando a seco y caluroso. El frio y las heladas les sientan fatal y los cielos encapotados con lluvias frecuentes producen frutos de poca calidad. En definitiva, que una parte importante nuestra geografía tiene un clima estupendo para producir melones y sandías, especialmente en Andalucía, Murcia, Castilla la Mancha y Valencia. De hecho, nuestro país es el quinto productor mundial de melones, detrás de China, Turquía, Irán y Estados Unidos. En sandía estamos más atrás, en el puesto 14, pero hay que destacar que somos importantes exportadores de melón y sandía a otros países del norte de Europa.

Veamos con más detalle cómo y dónde se cultivan los melones, de los que se distinguen dos tipos principales. Los "melones de verano" son los típicos Cantaloup y Galia: de menor tamaño, esféricos, más aromáticos que dulces, a menudo climatéricos (capaces de madurar fuera de la planta) y se conservan menos tiempo (1 a 2 semanas). Son más apreciados en otros países europeos, a donde se exporta la mayoría, y al ser tempranos se cultivan en los invernaderos de Murcia y Almería.
 


De los "melones de invierno", por su parte tenemos mayor variedad: el famoso Piel de sapo, el amarillo, el Tendral o el Piñonet son varios ejemplos. En general, son de mayor tamaño, ovoides, menos aromáticos pero más dulces. Los frutos son no climatéricos, como sus parientes las calabazas y pepinos, lo cual significa que han de permanecer ligados a la planta hasta su punto óptimo de maduración; a cambio duran más tiempo almacenados. Este tipo de melones se cultiva sobre todo en Murcia y Ciudad Real, en invernadero, semiprotegidas por una especie de manta plástica o directamente al aire libre. De hecho esta última provincia posee una IGP propia "Melón de la Mancha", el más tardío y que pasa el verano a pleno sol.

Para la sandía existen dos variedades principales más similares entre sí: la Sugar Baby, tiene la corteza lisa de color verde oscuro mientras que la de la sandía “Crimson" es rayada, pero ambas pueden presentarse con o sin semillas. Las sandías en España se cultivan tanto en invernadero como al aire libre, protegidas y sin proteger. En ambos casos, es también un fruto no climatérico, que conviene recolectar en el punto óptimo de maduración. Para los lectores interesados, recomiendo fijarse en la “cama” (la zona que ha estado en contacto con el suelo) que es de color amarillo marfil y en el sonido sordo que se produce al golpear el fruto con los dedos.

Al fin y al cabo con el tiempo todo se hace más complejo, incluida la producción de alimentos. ¿Recuerdas cuando simplemente se esperaba de un melón o sandía que fuera grande, dulce y sin sabor a pepino?. Hoy en día todos los integrantes de la cadena de valor buscan el fruto perfecto.
 


Los agricultores buscan variedades productivas y resistentes a enfermedades. Los distribuidores añaden a los requisitos que aguante bien el transporte y cierto tiempo de almacenamiento. Los vendedores por su parte exigen todo lo que creen que puede agradar al cliente: buen aspecto, tamaño no demasiado grande, y evidentemente, buen sabor. Las modernas variedades híbridas han conseguido satisfacer a todos, a veces a costa de abandonar variedades autóctonas muy interesantes. Un buen ejemplo lo encontramos en las antiguas y afamadas variedades que se cultivaban en Villaconejos: considerablemente grandes y que no dan pistas sobre su estado de maduración, justo lo contrario de lo que se demanda hoy en día, piezas pequeñas y sabor garantizado.

Y es que los consumidores actuales, reconozcámoslo, somos un poco caprichosos y nos gusta tener variedad durante todo el año, cada vez más comodones y tendemos a comer con los ojos. Las familias tienen cada vez menos miembros, a menudo comemos fuera de casa y la capacidad del frigorífico sigue siendo limitada.

Así, no es de extrañar que hayan desarrollado variedades precoces y tardías para tener melones y sandías durante más tiempo, otras de tamaño "mini" de uno o dos kilos (frente a los 3 - 8 kilos de media habituales), variedades que añaden nuevos tonos anaranjados, salmón, verde claro o amarillo a la carne de los melones e incluso de las sandías. Hasta se han desarrollado melones que se pueden pelar o pequeños y de piel comestible (si no te lo crees visita esta página). https://actualfruveg.com/2019/07/21/imagenes-de-melones-sandias/

Y por supuesto, siempre dulces y a ser posible sin semillas. Todo sea para seguir disfrutando de estas dos maravillosas frutas.

 

Isabel Vidal no se imaginaba que acabaría siendo viticultora biodinámica. Su madre tenía seis hijos, 25 ha de terreno, la mayoría plantados de vid con algunos frutales y mucho amor por esa tierra. Cuando comprobó que, a pesar de sus intentos, a ninguno de sus hijos le había picado lo suficiente el gusanillo de la agricultura decidió que dedicarse a lo que le apasionaba: con la ayuda del "masover" de la finca dedicaría a sus vides todo el tiempo y los mimos que necesitaran.
Con el buen tiempo vuelve la fruta de verano. Aumenta el color en los puestos del mercado y en el lineal del súper: nísperos, nectarinas, melones, sandías, paraguayas o chatos, cerezas, melocotones, ciruelas... irán sucediéndose unos a otros hasta que vuelva el otoño.
El proceso de transformación digital es imparable, también en el mundo agrícola. Podría verse como un tren que está comenzando a arrancar, quien tarde mucho en decidir si sube, posiblemente se quede en tierra.