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Los 10 errores más comunes en los primeros años como agricultor/a

Hemos hablado con agricultores ya consolidados, ¿en qué se equivocaron ellos al empezar? ¿Qué harían de manera diferente?

Ser joven agricultor es una aventura emocionante, con todos los riesgos y satisfacciones que conlleva. Tal vez estés familiarizado con las tierras que trabajas desde hace años, pero conseguir que la agricultura se convierta en una actividad profesional y empresarial implica mucho más. Y como en todo, al principio, acertarás y te equivocarás; agradecerás los consejos de los mayores.

Hemos hablado con agricultores ya consolidados sobre cómo fueron sus inicios en el campo. Son perfiles con los suficientes conocimientos, y ahora también con la experiencia necesaria, para ofrecer recomendaciones, pero también relativamente jóvenes como para entender las exigencias del mercado actual. ¿En qué se equivocaron ellos al empezar? ¿Qué harían de manera diferente?

A partir de sus testimonios, con la perspectiva que confiere el tiempo en el sector, configuramos el decálogo de errores más comunes durante los primeros años como agricultor:

José Roales, 58 años. Productor de cereales en Zamora

  1. No haber adquirido los conocimientos suficientes. Fórmate, en la Universidad o donde sea. Aprende todo lo que puedas, y luego aplícalo a tus cultivos. “Una base técnica me habría ahorrado cosas que me ha tocado aprender con los años”, asegura José Roales. 
  2. Tomar el mando demasiado tarde. “Cuanto antes te pongas al frente, mejor”, es el consejo de este agricultor de Zamora. Aunque trabajó las tierras familiares desde los 18 años, no cogió el testigo empresarial hasta los 30. Esto retrasó mucho la puesta en práctica de sus ideas.
  3. No confiar en las cooperativas. “No entiendo que haya suspicacias por colaborar con los demás, a mí siempre me han dado seguridad y fuerza comercial”, recomienda Roales. 

Francisco Elvira Arroyo, 39 años. Agricultor de olivar en Jaén

  1. Pecar de exceso de entusiasmo. Ilusionarse está bien; querer ir demasiado lejos, no tanto. “Hay jóvenes que se plantean un proyecto demasiado ambicioso sin pensar en que, primero, deben consolidar las bases”, opina Francisco Elvira Arroyo. Menos es más al arrancar.
  2. Adquirir demasiados compromisos. En la línea del punto anterior, la mayoría de ayudas a la incorporación están sujetas a un plan de empresa, y conviene que sea realista. “Si prometes que vas a hacer más de lo que puedes, luego la Administración te lo va a reclamar”, advierte.
  3. Descuidar la burocracia. “Debes saber que, si gestionas una empresa agraria, el papeleo se va a llevar el 30% de tu tiempo”, añade Elvira. Cumplir con los requisitos técnicos y legales no solo es una parte fundamental de cualquier negocio, sino que puede traer grandes beneficios.

 

Andrés Góngora, 43 años. Productor de hortalizas de invernadero en Almería

  1. Dejarse llevar por las casas comerciales. En el mundo de la agricultura hay proveedores que tienen intereses en juego. “Que si el de las placas, que si el de los fertilizantes, que si una línea de comercialización que te promete ganar más con ellos…”, detalla Andrés Góngora. Por eso recomienda asesorarse bien, pedir referencias y tomar decisiones por uno mismo.
  2. No prever las necesidades de mano de obra. “Cuando empiezas siempre estás angustiado por si estás midiendo bien las necesidades de trabajadores”, recuerda Góngora. 

José Manuel Penella. 56 años. Agricultor de forrajes y arroz en Huesca

  1. No plantear bien las inversiones. Qué quieres hacer y cuánto dinero vas a necesitar. “Al principio, mucha gente peca de exceso de confianza en las subvenciones”, considera José Manuel Panella, quien recuerda que las ayudas son solo una parte: “Hace falta aportación”.
  2. Dedicarse a actividades que desconoces. Y no tanto por inexperiencia, sino por falta de implicación. “Me refiero a esos casos en los que se nos ocurre incorporar actividades a las que en realidad no nos queremos dedicar, como la apicultura, porque tienen un buen baremo de puntos de cara a una subvención”, critica este agricultor de Huesca. “Yo siempre le digo a los jóvenes que se dediquen a lo que realmente les guste y les interese”, concluye.
     

El sazonador a las finas hierbas, infusiones de todo tipo, el licor de hierbas de la sobremesa, la macetita de yerbabuena, champús con apellidos del tipo "botanical" o incluso jarabes sin receta para molestias comunes de una conocida marca farmaceútica...todos tienen en común una cosa: en mayor o menor medida tienen plantas en su composición. Y alguien tendrá que recogen o cultivar, recolectar y procesar estas plantas .
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